
Eran cerca de las cuatro de la tarde y era uno de esos días que parecían sacados del mismísimo infierno, el calor castigaba a todo aquel que se atrevía a retarlo a cara descubierta. Llevaba mas de 200km sin parar por carreteras secundarias, como si quisiera evitar encontrarse con nadie, buscando el mar, ese era su objetivo...volver a ver el mar. El sudor resbalaba por su frente, buscando recovecos donde parecía huir de el sol justiciero...a pesar de llevar un casco que era abierto, ni siquiera el pañuelo que tapaba su nariz y su boca podía evitar que notase un aire abrasador en la cara, sus gafas de sol brillaban, pero no mas que los cromados del motor, unos cromados que se negaban a quedarse sin brillo a pesar del camino polvoriento recorrido, su montura era una vieja Sporster 883, con mas de diez años que solo se distinguía por la matricula, totalmente negra y transformada en la que solo el cromado motor resaltaba, una montura sin igual para el. Un pequeño respaldo le servia para atar las pocas cosas necesarias. Salio desde una ciudad del interior hacia mas de 12 horas, paradas, las justas para repostar y tomar un café, este era un momento adecuado, empezó a marcar reserva unos kilómetros atrás. En medio de aquella carretera, que cada vez parecía mas una sartén a fuego lento, se erigía una gasolinera que se antojaba como un maravilloso oasis...el hombre y la maquina podrían tomar un respiro mas que merecido.
No habían mas vehículos en aquel surtidor de combustibles, era una pequeña construcción de ladrillos, posiblemente sin cimientos. Desde fuera no se podía ver mucho el interior, sus cristales estaban cubiertos por el polvo, pero los dos grandes ventiladores que habían en el exterior indicaban que estaba adecuadamente refrigerado...al parar a su "compañera", la idea de una bebida refrescante y de un poco de agua en su nuca irían de perlas a un viajero castigado por el sol y el viento cálido de aquellos lares.
Era una gasolinera en la que hay que abonar el importe antes de repostar, una mueca de desaprobación salia de su boca, pero no quedaba mas remedio, se quito el casco y bajo su pañuelo, quedando este en el cuello, al estilo de los viejos cowboys, y desabrochándose el chaleco abrió la puerta y miro hacia el mostrador. Había una mujer de espaldas arreglando unas estanterías inmaculadas, no parecía haber mucho movimiento en aquellos estantes. "Quiero llenar el deposito, pero no se cuanto cabe" ella sin girarse le contesto que utilizara el surtidor sin problema, parece que se fiaba de ese viajero...
Tras llenar el deposito de combustible, colgó la manguera y esta vez entro del todo, caminando hacia el mostrador pudo observar que la mujer que estaba de espaldas, ahora le daba la cara. Tenia el cabello rubio y unos ojos verdes apagados, alguna pena rondaba a aquella mujer, por su figura se podía adivinar que había sido madre, como mínimo una vez, pero no parecía estar casada, y si fuese así hace tiempo que se quito su anillo de boda, pues no había ni un ápice de marca en el dedo "casamentero" de ningún anillo. Le estaba regalando la que seguramente era su mejor sonrisa, su uniforme, como todos los uniformes de gasolineras, no le favorecía, pero se lo tuvo que arreglar para poder resaltar mejor su condición femenina, algo que es de agradecer. Al llegar al mostrador se fijo en la típica placa identificativa que llevaba colgada en la camisa, le llamo por su nombre y le pidió un paquete de caramelos de eucalipto, tenia la garganta mas reseca que la de un preso ante la silla eléctrica. Intercambiaron unas palabras de cortesía, ella le indico que antes de seguir, le iría bien tomar un refresco, el no sabia si interpretarlo como un intento de seducción por su parte o simplemente es que le apetecía un poco de conversación en una tediosa tarde. Acepto sin demasiadas dudas, se fue hasta la nevera y cogió un refresco de cola, aun tenia que conducir y no quería problemas con la ley. Durante lo que pareció apenas unos minutos se convirtió en algo mas de una hora de conversación, cada uno se explicaba alguna de las aventuras que la carretera les había proporcionado, rieron y se relajaron. El sol bajo de intensidad y las sombras eran ahora mas alargadas, desde dentro pudieron ver como llegaba un coche que echaba humo de su motor, supuso que habría llegado el "relevo" para hacerle compañía a la mujer rubia de ojos verdes. Cogió su casco y tras volver a colocarse sus gafas y el pañuelo, arranco a su "chica" del descanso merecido y tras un saludo fugaz continuo su camino, buscaba el mar.....
Unas horas mas tarde, paro en una curva..."aun hay buena gente en este mundo" pensó mientras contemplaba por fin la mar...
